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La agilidad, condición necesaria pero no suficiente


Agilidad, palabra que estamos escuchando y me temo que vamos a escuchar todavía mucho más. Y mucho es justo eso; mucho. Perdón, muchísimo… Pero vayamos a la palabra… ¿De qué estamos hablamos cuando mentamos la agilidad? ¿Qué es la Agilidad? ¿Qué es ser Ágil? ¿Hablar de agilidad hoy, significa que nunca antes lo habíamos sido? ¿Significa que hemos sido y, peor, seguimos siendo no ágiles?..


Ufff, demasiadas preguntas y ninguna respuesta… Como todo lo que se pone en cierta manera “de moda” podemos encontrar en una multitud de sitios unas 10, 20 o incluso 30 definiciones distintas acerca del mismo concepto. Así que no seré yo quien se autocensure y voy a dar una más, la mía – cosecha propia-, aun a riesgo de no gustar o de no convencer. Ahí va.¿Ya tienes un diseño en mente? Si prefieres un estilo tipo postal minimalista, o un diseño más editorial; encontrarás una opción increíble para cada elección y necesidad.

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Agilidad –repito, para mi- es ser capaz y habilidoso de dar respuesta satisfactoria a todo aquello que demanda desde el mercado.

Entiendo que esta respuesta tiene muchos matices y muchos vacíos, muchísimos. Pero vayamos por partes. Para empezar, la definición en modo alguno significa que antes no fuéramos ágiles, falso, simplemente que la agilidad de antaño poco o nada tiene que ver con la agilidad de ahora y seguramente nada tendrá que ver con la agilidad futura. Al igual que el liderazgo de antes nada tenía que ver con el liderazgo presente y ni rastro con el que será el liderazgo del futuro o management 3.0. Pero como aun no tengo la habilidad ni la capacidad de predecir el futuro (sin error claro!!), me quedaré únicamente en explicar por qué la agilidad pasada y la agilidad presente son bien distintas aun compartiendo la misma definición.


En ambos casos, agilidad pasada y presente, y como he dicho, debe de dar respuesta satisfactoria a las demandas del mercado expresadas a través de sus principales actores (usuarios/clientes, proveedores, etc.). Centrándonos ahora exclusivamente en los usuarios/clientes, cuando uno mira hacia atrás encuentra en la mayoría de los casos unos mercados que podríamos definir o calificar como “Maduros”. Unos mercados caracterizados por un conocimiento más o menos claro y evidente (y casi precisos) de los gustos y requisitos de los usuarios/clientes y con el importante matiz de que esos gustos (traducidos en requisitos) eran prácticamente constante y prácticamente nada cambiantes.


Con lo cual, ante ese contexto; ¿quién ganaba la partida? Pues sencillamente la ganaba quién era más “productivo”, quien sabía entregar el producto/servicio trabajando muy bien sus márgenes por la optimización de sus recursos. De ahí la valía desde los años 50/60 hasta la actualidad de los principios del LEAN en su sentido más manufactoring.


Sin embargo, cuando uno mira al presente (y ya no te digo si mira un poquito al futuro próximo) encuentra un mercado que podríamos perfectamente llamar como “Adolescente”. Es decir, un mercado caracterizado por niveles altamente cambiante en los gustos y deseos (expresados como digo a través de requisitos) de los usuarios/clientes y, obviamente, con el matiz de ser un mercado muy poco constante y extremadamente volátil. Un adolescente en toda regla.


En definitiva, que hemos pasado de trabajar en Mercados Maduros (estables y poco cambiantes) a trabajar en Mercados Adolescentes (inestables y muy cambiantes)… Y para complicarlo todavía más, yo creo que vamos incluso a entrar en algo mucho más loco: “Mercados Neuróticos”, aunque de esto ya hablaremos en otro momento. Ahora vayamos al hoy.

¿Cómo damos RESPUESTA SATISFACTORIA a las demandas en un Mercado Adolescente? ¿Cómo respondemos ante esa realidad de Incertidumbre y Cambio?...

A estas últimas preguntas debemos darle respuesta sabiendo que no llegamos al mundo de la agilidad de cero ni tampoco llegamos al cien por cien. Me explico. Entrar al mundo de la agilidad debe hacerse de manera inteligente y sin perder de vista los principios de la misma. Y esto significa, ni más ni menos, que cuando trabajamos con las herramientas y las metodologías ágiles, debemos ser conocedores de manera muy clara si podemos (como empresa) hacer un uso de ellas en su sentido más puro y estricto o si bien debemos de trabajar bajo los framework de la agilidad.


¿Qué quiere decir esto? No podemos olvidar que el “mundo ágil” nació en el entorno del desarrollo software y que gran parte de su enfoque fue parido para dar respuesta ante una realidad (su realidad) de hace casi ya más de 20 años. Demandas cambiantes y continuadas y poco precisas. Pero lo que ha sucedido, es que esa misma realidad del mundo del software de hace casi 20 años, ha acabado sucediendo también en otros muchos ámbitos, sectores y entornos. Sin embargo, no podemos olvidar que una cosa es que compartamos entornos adolescentes (cambiantes y poco estables) y otra cosa bien distinta es que en nuestros modelos de negocio, con nuestras particularidades y características como empresa puedan tener cabida el uso y puesta en marcha de las metodologías ágiles en el sentido más puro.


Por tanto, uno puede ser ágil utilizando SCRUM o Kanban, como también puede ser ágil sin utilizar SCRUM o Kanban… Tu agilidad no te lo marca las metodologías que uses (pueden ser elementos facilitadores y sumamente útiles), pero no nos olvidemos nunca que en definitiva, la agilidad va a estar marcada por tu respuesta al mercado y la respuesta del mercado a ti.


Eso sí, ante un mercado adolescente, SCRUM y Kankan, como máximos exponentes de las metodologías ágiles, usados en su sentido más puro o usados bajo sus principios y sus enfoques, dan muy buena respuesta y hacen que como organización podamos dar un resultado excelente al mercado. Es decir, que de un modo u otro, los principios de la agilidad, con su manifiesto ágil por bandera, dan muy buena respuesta antes las realidades actuales de los mercados.

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